POBREZA EN HONDURAS EN LA ACTUALIDAD
Reducir a la mitad el porcentaje de personas cuyos ingresos sean inferiores a 1 dólar por día
1. Contexto de desarrollo del país
En Honduras, el avance en la reducción de la pobreza ha sido lento. El país mostraba en 2006 los índices más altos de pobreza extrema 40% y relativa 19.6% (Instituto Naciones de Estadísticas). En los últimos 5 años (2006–2010), la pobreza aumento a 60%.
De continuar con la tendencia observada, existen escasas probabilidades que se cumplan las metas de reducción de la pobreza fijadas para el 2015, ya que la pobreza tendría que reducirse a 37.4%. Similar reto se presenta en el caso de la pobreza extrema, que tendría que reducirse a 27.1% al 2015.
Para acelerar la reducción de la pobreza, la disminución de la desigualdad es indispensable. La desigualdad en Honduras, medida por el Coeficiente de GINI, se ha reducido mínimamente en los últimos 17 años al pasar de 0.615 en 1990 a 0.58 en 2007, ubicando a Honduras entre los cuatro países más desiguales de América Latina (CEPAL, 2010a). Existen adicionalmente relevantes brechas al interno de la población pobre, tal como lo refleja el coeficiente de brecha de pobreza para 2007, que se ubicó en 39.5% (Naciones Unidas, Cap. II 2010a).
Los mayores logros se han realizado en términos de pobreza extrema urbana (30.5% en 2010), así como en el mejoramiento de las desigualdades urbanas. En 2009, se evidencia además una disminución sensible de la pobreza extrema entre los hogares con jefatura femenina (24.9% contra el 21.2% de los hogares de jefatura masculina) (INE, 2009). Una persistencia histórica de las desigualdades en Honduras es confirmada al considerar que a nivel nacional, en 2007 el 40% más rico de la población (quintiles 4 y 5) percibía el 81.31% de los ingresos nacionales, mientras que el 40% más pobre (quintiles 1 y 2) percibía solamente el 7.46% del mismo. A nivel de dominio las mayores dificultades de la distribución de los ingresos persisten entre los hogares de las zonas rurales lo que indica una alta concentración de los ingresos en el tiempo (CEPAL, 2010a).
De la misma forma en que los avances en reducción de la pobreza en América Latina y el Caribe esconden las diferencias entre los países, a nivel nacional, los logros alcanzados no evidencian las asimetrías entre distintos grupos poblacionales y regiones, entre otros.
Los fenómenos mundiales de la crisis financiera internacional, el cambio climático y la situación de política interna en Honduras en 2009, han sido factores que no sólo presentan un contexto socioeconómico más crítico y menos favorable sino que también incidirán en la tendencia decreciente que había presentado la reducción de la pobreza, en sus dos manifestaciones, en el período 2003-2008. A efecto de contrarrestar este fuerte desafío, se demanda, en especial en la reducción de la pobreza extrema, el diseño e implementación de políticas que no solo deben estar enmarcadas en transferencias monetarias (Naciones Unidas, 2010a, Cap. II:29) sino que deben ir más orientadas a la corrección de las grandes disparidades de acceso a los activos económicos y a los bienes y servicios; asimismo, a apoyar y proteger a los grupos más vulnerables en nutrición, salud, educación, subempleo y precariedad laboral.
2. Tendencias y logros en el avance de la meta
2.1. Población que vive con menos de $1.00 diario (PPA 2010)
La definición amplia de la pobreza se refiere a la privación multidimensional de medios, oportunidades y servicios que son indispensables para satisfacer todas las necesidades humanas básicas. En particular, la pobreza humana se define “no sólo como la falta de los artículos necesarios para el bienestar material, sino la denegación de la oportunidad de vivir una vida tolerable” (PNUD, 1997: p. 17). Sin embargo y por razones de comparatividad e información estadística disponible, sobre todo a nivel internacional, la referencia a la pobreza en la primera meta de los ODM se refiere a aquella pobreza que puede ser medible, principalmente a través de variables relativas al ingreso o al consumo de los hogares.
En aras de facilitar las comparaciones entre países, la línea de pobreza internacional se ha establecido en $1.25 PPA2 por día. No obstante, debe considerarse la pertinencia de esta línea de pobreza para los países latinoamericanos ya que autores como Sanjay Reddy subrayan que este método para definir la pobreza tiene distintos problemas, entre los cuales “el más elemental es la naturaleza arbitraria de su enfoque para identificar los pobres” (Reddy, 2008).
De 2006 a 2010, en el caso hondureño, como lo muestra el cuadro 1.1, ha habido una disminución en este indicador de 22.8 puntos porcentuales, pasando de 36.4% a 22.8%, alcanzando y sobrepasando la Meta de 21.8% al 2015. No obstante que este avance es alentador, no se puede desconocer el reto que implica para el país, el que aún exista, hondureños que sobreviven con US$1.25 diarios. Asimismo, al contrastar este indicador con los de pobreza y pobreza extrema, es evidente que el tema de la pobreza debe ser un tema prioritario de la agenda nacional.
2.2. Incidencia de la pobreza y pobreza extrema en hogares
En el período 2006-2010, las estimaciones para Honduras muestra que la incidencia de la pobreza se ha mantenido de 59.9% a 60.0%, la pobreza extrema ha disminuido de 40.4% a 20.9% y la pobreza relativa ha aumentado de 19.6% a 39.1% (INE). El cuadro 1.2 muestra el comportamiento de la incidencia de la pobreza, de la pobreza extrema y pobreza relativa en los hogares del país entre 2006 y 2010. Es necesario aclarar que en 2010, el Instituto Nacional de Estadística (INE) revisó su metodología de cálculo para los indicadores de pobreza y de acuerdo con ésta, recalculó los valores de pobreza para el período 2006–2010 en acorde a la nueva metodología, por lo que los datos presentados son sobre esta nueva base.
Aunque la incidencia de la pobreza ha mantenido para el período 2006-2010, tal como se evidencia en el cuadro 1.2, los valores absolutos de hogares pobres indican que el número de hogares pobres en Honduras se ha incrementado, tal y como lo constatan las cifras del cuadro 1.3. Entre 2006 y 2010, un total de 129,972 hogares hondureños más cayeron en pobreza. En el 2006 había 908,891 hogares en condición de pobreza, mientras que en 2010 ese número se incrementó significativamente a 1,038,863. En cuanto a los hogares en pobreza extrema al pasar de disminuyo de 612,407 en 2006 a 362,130 en 2010. La situación aumento para los hogares en pobreza relativa de 296,483 en 2006 a 676,633 en 2010.
Desde una perspectiva de ingreso, varios factores inciden en la situación de pobreza, reconociéndose entre ellos:
1. El crecimiento del PIB per cápita por debajo del crecimiento demográfico de la población.
2. El alto nivel de subempleo.
3. La baja calidad en los puestos de trabajo.
4. La baja productividad del trabajo.
5. La baja remuneración.
6. Los altos niveles de desigualdad en la distribución del ingreso.
7. El limitado acceso a los medios de producción (activos productivos, tierra, crédito, información y comunicación) (Naciones Unidas).
Otros factores que inciden en la pobreza son:
1. La composición demográfica de los hogares.
2. El nivel educativo al interno de un hogar.
3. La escasa participación de las mujeres en el mercado de trabajo remunerado en las áreas rurales.
4. El bajo nivel de competitividad de la economía (SDP, 2008). Si bien es cierto que la reducción de la pobreza precisa, entre otros, del crecimiento económico, también es irrefutable que para que esto suceda, la naturaleza y la sostenibilidad del crecimiento económico es fundamental. La reducción de la incidencia de pobreza y pobreza extrema coincide, en Honduras, con un período de relevante crecimiento económico.
“Otre y Borjas (2010) encuentran que a nivel general para la población económicamente activa, entre 2001 y 2007, no ha habido un crecimiento real de salarios, pero sí un incremento de la cantidad de horas trabajadas y de los niveles de empleo, desempleo e inactividad […] El grupo de trabajadores más beneficiado por adicionales oportunidades laborales, reduciendo desempleo e inactividad, fueron trabajadores con formación escolar secundaria o universitaria. Para trabajadores con educación básica incluso se observan efectos negativos (una leve reducción de sus niveles de empleo) y efectos levemente positivos (mayor actividad laboral) para trabajadores sin formación escolar […]” (Citado en: Otter y Borja (2010a:40).
Lo anterior enfatiza la necesidad del crecimiento pro-pobre, es decir, un crecimiento que favorezca a la población que se encuentra en situación de pobreza, que incluya medidas redistributivas acompañadas por políticas sociales y de acceso a nuevas oportunidades.
2.2.1. Niveles de pobreza y pobreza extrema, según dominio geográfico
En el cuadro 1.4 se observa que la incidencia de la pobreza es mayor en el área rural que en la urbana, con una brecha de 11.1 puntos porcentuales para el año 2010.
En los hogares rurales se presentan índices de pobreza mayores a los urbanos, lo que demuestra que las estrategias, implementadas hasta ahora, han logrado parcialmente atacar las causas de la pobreza extrema en las zonas rurales y que existe un problema de focalización de las políticas públicas y los diferentes programas y proyectos implementados para ello. Según la EPHPM los hogares de las áreas rurales no disponían de ingresos suficientes para cubrir el costo de una canasta básica de consumo de bienes y servicios. De esa totalidad de hogares rurales no recibían ingresos mensuales que les permitieran enfrentar el costo en una alimentación mínima.
Paes de Barros et Al. (2006:269-270) destacan que el grado de pobreza rural en Honduras es el más alto en Centroamérica, con excepción de Nicaragua, y que “está fuertemente relacionada con una baja disponibilidad de trabajo en actividades no agropecuarias en el área rural”, la baja escolaridad de la fuerza de trabajo y la baja calidad de los puestos de trabajo generados por esta actividad, así como su baja productividad. Estos factores son parte de los ya mencionados como causales de la pobreza desde la perspectiva de los ingresos.
En las áreas urbanas se encuentra igualmente un número alto de hogares en pobreza extrema. Las dos principales ciudades del país, Tegucigalpa y San Pedro Sula, reportaban la mayoría de esos hogares pobreza extrema. (INE, 2010).
Entre los grupos poblacionales, los que muestran mayores niveles de pobreza son los hogares que dependen de actividades productivas y de baja productividad y con un alto nivel de informalidad, con una mayor concentración en las zonas de alto riesgo de las áreas urbanas. En la zona rural, la pobreza afecta más a los campesinos y pequeños parcelarios que viven en zonas de ladera, a las poblaciones étnicas, a los niños y jóvenes y a las personas discapacitadas (SDP, 2008:37). Debido a esta situación, se requieren políticas que focalicen de manera más apropiada el gasto público hacia los sectores más vulnerables, especialmente las áreas rurales y las regiones menos conectadas al tejido productivo del país. Todo ello es indispensable para promover el restablecimiento de los derechos y de la condición ciudadana de los más pobres.
2.2.2. Clasificación de la Pobreza según jefatura de hogar
El cuadro 1.5 permite apreciar que el porcentaje de hogares pobres con jefatura femenina en 2009 era inferior en 3 puntos porcentuales a los de jefatura masculina. Asimismo, se identifica una incidencia de la pobreza extrema entre los hogares de jefatura femenina (24.9%) menor con respecto a los hogares con jefatura masculina (21.2%).
Aunque los datos porcentuales de incidencia de la pobreza a nivel de jefatura de hogar muestran que en términos de pobreza y pobreza extrema ambas tienen un menor impacto en los hogares con jefatura femenina, no es posible desconocer la totalidad y representatividad de ambos grupos en términos absolutos
Históricamente los hogares de jefatura femenina se habían considerado más vulnerables que la masculina, principalmente por una diferencia de ingresos tal como se analiza en el ODM 3. Sin embargo, los datos de la EPHPM 2009 muestran que existe un cambio de tendencia muy interesante.
Algunas de las justificaciones posibles residen en:
1) La mayor educación de las mujeres con respecto a los hombres (6.5 años de educación promedio versus 6.4).
2) El tamaño de los hogares con jefatura femenina (4.2 personas frente a 4.9).
3) El mayor nivel de remesas percibidas por las mujeres.
4) El alto nivel de ocupación de mujeres en actividades como la maquila en el corredor logístico centro-norte-occidente del país que les generan mayores ingresos.
5) El alto porcentaje de jefes de hogares que trabajan en el sector primario, escasamente remunerado, entre los hogares con jefatura masculina (INE, 2010).
2.3. Coeficiente de la brecha de la pobreza
La brecha de la pobreza es el déficit promedio de la población total de la línea de pobreza, expresado como porcentaje de la línea de pobreza. Esta medida refleja la profundidad de la pobreza y su incidencia. El indicador se describe a menudo como la medición de la cantidad per cápita de los recursos necesarios para eliminar la pobreza, o reducir el déficit de la línea de pobreza a cero, a través de transferencias de efectivos perfectamente dirigidas.
Para el cálculo de este indicador oficial, no es posible utilizar como fuente las encuestas de hogares realizadas por el INE a través de la EPHPM a mayo de cada año, ya que no se ha recalculado el ingreso promedio de los hogares pobres, en conformidad a la nueva metodología, para el período 2006-2008.
Al observar los cálculos obtenidos por CEPAL, en pobreza, en el cuadro 1.6, se deriva que dicho coeficiente ha mantenido una tendencia decreciente al pasar de 50.2% en 1990 a 39.5% en 2007. Los avances en la reducción de la brecha de pobreza indican que la población que sigue viviendo en la pobreza se encuentra, con el tiempo, en una pobreza menos profunda.
El cuadro 1.7 permite observar que, en el período 1994-2007, la reducción de la brecha de pobreza a nivel de dominio se ha presentado principalmente en el área urbana, mientras que en el área rural la brecha se ha incrementado. Lo anterior es coherente con el incremento de los niveles de pobreza que Paes de Barros et al. (2006) reportan en las zonas rurales y además por las condiciones socioeconómicas imperantes en éstas así como por la falencia de oportunidades que todavía persiste en el área rural hondureña, cuya población representó el 54.5% a mayo de 2009.
De manera paralela, existen importantes diferencias del coeficiente de la brecha de pobreza entre los hogares de jefatura masculina y femenina a nivel nacional y de dominio. Se destaca que en los hogares de jefatura femenina a nivel nacional se ha presentado una significativa reducción, debido a la importante disminución de la misma a nivel urbano. Fenómeno análogo se registró en los hogares con jefatura masculina, ya que la brecha de pobreza urbana se redujo notablemente en entre 1994 y 2007, pero la brecha rural experimentó una tendencia inversa con un incremento en el mismo tramo de años.
Las tendencias del coeficiente de la brecha de pobreza, sea a nivel nacional, dominio o jefatura de hogar, muestran la necesidad que existe de mejor focalización y ejecución de las intervenciones de los planes, programas, proyectos u otras iniciativas dirigidas a la reducción de la pobreza, especialmente sobre las áreas rurales de Honduras y a nivel de los hogares que siguen viviendo en condiciones de pobreza extrema.
2.4. Proporción del total de ingresos que corresponde al quintil más pobre de la población
La evolución de la participación en el ingreso, del quintil más pobre en América Latina y el Caribe, ha mostrado una tendencia al mejoramiento entre 1999 y 2007. Honduras y Ecuador son los dos únicos países en la Región donde la reducción de la pobreza no parece haber beneficiado a los de menos recursos (Naciones Unidas, 2010a:6).
Al analizar la distribución de los ingresos por quintiles (cuadro 1.8) se confirma una persistencia histórica de las desigualdades en Honduras. En 2007, el 40% más rico de la población (quintiles 4 y 5) percibía el 81.31% de los ingresos nacionales, mientras que el 40% más pobre (quintiles 1 y 2) percibía únicamente el 7.46% del mismo. En Honduras, según (CEPAL, 2010a) la proporción de los ingresos del primer quintil en 2007 era la más baja del continente, o sea el 1.93% de los ingresos nacionales lo que permite deducir la significativa desigualdad de la distribución de los mismos y los niveles de precariedad en que se encontraba ese segmento de la población hondureña.
A nivel de dominio, mientras en 2007 en el área urbana los dos quintiles más pobres llegaron a recibir el 12.05% de los ingresos, en el área rural ha habido un deterioro de los ingresos del 40% de los hogares más pobres ya que en 2007 sólo percibían el 8.37% con respecto a lo que percibían en 1990 cuando percibían el 10.19%. Esto sólo manifiesta que la desigualdad en la distribución de la riqueza ha estado concentrándose e incrementándose en el tiempo y la brecha de la pobreza aumentándose, tal como se expresó anteriormente.
El Coeficiente de GINI es un indicador complementario que mide el grado de la desigualdad en el ingreso entre la población. En el cuadro 1.9 se muestra su comportamiento, reflejando que en Honduras en el período 1990–2007 la desigualdad se ha reducido levemente, al pasar de 0.615 a 0.580.
En Naciones Unidas (2010a, Cap. II), se destaca que “la disminución de la pobreza en la región fue impulsada en parte por las mejoras distributivas del período 2002-2008”, tiempo en el cual el índice de GINI, en los países latinoamericanos y del caribe, se redujo en promedio en 5% en el período 2002-2008. Honduras es el país con el más alto índice de desigualdad entre los cuatro que no han conocido una mejora redistributiva y ello puede ser una de las razones por las cuales la reducción de la pobreza se ha dado de una forma tan paulatina.
Es importante destacar a nivel de dominio geográfico que, en el período 1990-2007, existe una reducción de la desigualdad en áreas urbanas (de 0.561 a 0.494), posiblemente influenciado por los mismos factores que se mencionaron antes y que indujeron a la pobreza urbana a reducirse. No obstante, en la zona rural se ha registrado un leve aumento del indicador al pasar de 0.558 a 0.571, con lo cual no sólo se evidencia la desigualdad en la distribución de los ingresos sino que también el aumento experimentado en los niveles de la pobreza a nivel rural (ver cuadro 1.9).
3. Propuestas y algunas iniciativas para el avance de la meta
Para acelerar el cumplimiento de este objetivo se recomienda la implementación de algunas iniciativas que permitan cambios considerables en el mejoramiento de las condiciones de vida de los más pobres. Un ejemplo en América Latina es la Bolsa Familia de Brasil.
Bolsa Familia es el programa más amplio de transferencias monetarias condicionadas (TMC) en el mundo. El programa fue creado en 2003 en el marco del programa Fome Zero (Hambre Cero), concebido como una política pública intersectorial que articula los diversos agentes públicos y sociales para el imperativo ético de la erradicación del hambre y la pobreza extrema. Desde el año 2003, el programa proporciona apoyo financiero a familias pobres con niños, con el objetivo de permitirles el cumplimiento de requisitos importantes para el desarrollo humano como la asistencia de los niños a la escuela. La cobertura se ha expandido rápidamente desde su creación y el número de beneficiarios triplicó en cuatro años de 3.6 millones en 2003 a 11.1 millones en 2006, alcanzando alrededor del 75% de la estimación de las familias pobres. Al finalizar del año 2008, logró abarcar alrededor de 11.3 millones familias pobres o 46 millones de personas, correspondiente a un cuarto de la población de Brasil a un costo anual de 4,500 millones de dólares estadounidenses (0,4 por ciento del PIB).
El programa trata de vincular los objetivos relacionados con el alivio inmediato de la pobreza con la promoción del desarrollo del capital humano a más largo plazo. Las transferencias monetarias están proporcionadas a familias pobres a condición de que estas cumplan con algunas obligaciones de comportamiento, como asegurar la asistencia de los niños a la escuela, la realización de controles médicos prenatales y postnatales, y la participación en programaciones nutricionales y de vacunaciones. Condicionando el apoyo financiero a las familias de bajos con la inversión en el capital humano de la próxima generación, Bolsa Familia tiene por objetivo romper el ciclo intergeneracional de la pobreza y la privación.
Una característica importante del programa es la focalización en la familia, más que en miembros individuales o en la comunidad. La familia en su conjunto tiene la responsabilidad de cumplir los requisitos correspondientes, aun el subsidio viene preferiblemente pagado a las mujeres.
El programa está dirigido a hogares con un ingreso per cápita mensual inferior a 52 dólares considerados como familias pobres a efectos del programa. Este valor es aproximadamente una cuarta parte del nivel del salario mínimo actual y el 40 por ciento más bajo que la línea de pobreza urbana en Brasil establecido por la CEPAL. El valor del beneficio varía según el ingreso familiar, el número de miembros de la familia que son niños (incluyendo adolescentes hasta 17 años) y/o mujeres embarazadas. Los beneficios mensuales están calculados al monto de 8.70 dólares por niño (hasta 15 años) o mujer embarazada y 13 dólares por adolescente (16-17 años). Un beneficio mensual adicional de 27 dólares es disponible para familias con un ingreso per cápita debajo de 26 dólares (considerados como familias en pobreza extrema).
En Brasil, Bolsa Familia contribuyó fuertemente a la mejora en la distribución del ingreso y a la reducción de la pobreza. El coeficiente de GINI para Brasil ha disminuido constantemente desde el 2001. Además, el país logró el cumplimento de la Meta de Milenio 1A diez años antes de la fecha límite. El logro del programa en extender la protección social es un ejemplo como realizar un proceso de inclusión social extensivo y rápido a un nivel de coste asequible. En un período de cuatro años, 11.1 millones de personas pobres han recibido una cobertura de red de seguridad a través de la inscripción en un esquema básico de protección social de apoyo a los ingresos a un costo equivalente al 0,4 por ciento del PIB.
El ejemplo brasileño es consistente con varios estudios y simulaciones que muestran que los países en desarrollo pueden permitirse la construcción de paquetes de protección social apropiada comprehensivos, aunque básicos. Existe evidencia sobre los impactos positivos en indicadores educativos y nutricionales para Bolsa Familia. Sin embargo, esto también es el caso para programas de transferencias monetarias incondicionados como la pensión rural o el beneficio social de asistencia (BPC) Parece que un aumento del ingreso de los hogares automáticamente lleva a una mejora en los indicadores sociales (OIT, 2009).
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